miércoles, 25 de abril de 2018

Quererte

No me imagino una vida sin ti, de hecho, no quiero imaginar una vida sin ti. No porque te necesite, no porque no pueda sobrevivir sin tu amor (porque podría), sino porque tengo preferencias y tú eres la mía. Algo tan sencillo como decir que te quiero, pero no te quiero querer mucho, te quiero querer bien, aunque sea un caos, y cree tormentas de arena durante días, simplemente quiero quererte. Y si no me dejas, que alguien sepa quererte y lo haga con el corazón, de tal manera que te llene el alma como tú has hecho desde aquel día que me di cuenta de que estaba enamorada de tu presencia y ausencia, pero que quiera quererte y así, te ame toda la vida.

lunes, 23 de abril de 2018

Llevo la mala suerte enganchada en mi camiseta de lana, otras días se me engancha a los pantalones vaqueros, expresamente a la altura del bolsillo  y cuando me arriesgo a llevar una falda de piel, se me engancha a mis básicas Converses negras. El caso es que no sé deshacerme de ella, la llevo cuando llueve y cuando hace sol, la llevo incluso en mi sonrisa, pero por mucho que me despida, nunca me devuelve el "adiós". La llevo conmigo hasta tal punto que me ataca apresuradamente tras llegar a casa con mil mililitros de lágrimas cayendo torpemente sobre mi cara, mientras me tiro a la cama en un intento de dramatizar el asunto. La cuestión es que junto a mi mala suerte apareces tú, todos los días, cuando me miro al espejo con ese collar y pienso en la buena suerte que tengo de llevarte conmigo, aunque no seas un trébol de cuatro hojas, sino de tres, y ni siquiera me des suerte, pero al fin y al cabo, sigues siendo... mi mala-buena suerte.

domingo, 11 de marzo de 2018

Si tan solo pudiera dar un grito en el vacío y que el mismo eco simpatizase conmigo. En un mundo paralelo puedo provocar tormentas con cada palabra de mi poesía. Si con la expresión de mi rostro, esas malas caras y subidas de tono pudiera apaciguar la ira, pero es... tan solo el simple letrero de mis pensamientos. Advertir el peligro incluso sin haber plantado pie sobre el terreno. Si pudiera derramar en alguna parte los secretos que me inunden las entrañas, corregir con una goma de borrar el estropicio de mis actos, o si tan solo se me concediese la oportunidad de exteriorizar todo aquello que está a punto de colmar el vaso: sentimientos. 

miércoles, 31 de enero de 2018

Es una tarea enrevesada el conceder a los sentimientos el capricho de hablar por sí mismos. Siempre hay una telaraña de por medio que dificulta que las palabras broten fluidamente, sin que la razón se introduzca para incordiar. Pero, aún sigo oyendo a mi corazón cuchichear desde muy adentro. Dice, barbaridad de cursilerías, más empalagosas que un banoffee pie, pero suena sincero y real. Algo así como que su mayor apetito, ahora mismo (y casi todo el tiempo), es dormir a tu lado. Hablo en tercera persona porque es él quien quiere acercarse a tu corazón para poder escucharlo sin una distancia de 194,8 km, quiere besarte el alma, el cuello, y los labios.


Creo que con estas letras voy a ser lo más franca que se me esté permitido. Voy a decirte que incluso con todas las peleas y crisis amorosas que nos están lloviendo encima, eres la persona con la que quiero estar el resto de mi vida. Podemos patalear, gritar y dejarnos de hablar durante semanas, pero espero regresar a ti, una y otra vez, cuantas veces sean necesarias. No quiero desaparecer de tu vida, pero no porque un hilo imaginario me haga depender de ti, sino, porque realmente soy feliz cuando lloro entre tus brazos, soy feliz cuando te veo después de mucho tiempo, cuando hacemos planes, cuando jugamos junto a uno de tus videojuegos, soy feliz a tu lado, en un largo etcétera de momentos que mi mente ha acabado almacenando, de un pasado y de un futuro que ansío. 


Deseo conservar en mi mente la curva de tu sonrisa, tu pícara (y traviesa) sonrisa, que me encanta reprimir a base de besos. Aún recuerdo el tacto de tus dedos caminando sobre mi piel, entre los lunares, y los besos en esas heridas del pasado. También recuerdo mis dedos cautelosos en tu descuidada barba, acariciando cada centímetro, cada vello. Los iris de tus ojos que me siguen con sutileza por todo mi cuerpo y que advierten mis intenciones. A esto hemos llegado. Al punto de conocernos tan bien, que deduces mis pensamientos, antes si quiera de ponerlos en marcha. Hemos llegado a bromear sobre fechas de cumpleaños equivocadas porque nos gusta presumir de conocimiento, de a ver quién conoce más a quién, de cuestionarios inservibles que nos ponen a prueba todo el tiempo. Porque muchas veces, de eso trata, de una competición. De una competición de a ver quién se quiere más, pero, te puedo demostrar en la cama, entre susurros al oído, que te amo. Qué anhelo que te quedes mirándome y que sin previo aviso, murmures algo que he escuchado una infinidad de veces, y que no aborrezco. Algo a lo que nunca podría poner muecas, ni malas caras. 


Créeme que no voy a dejar que la distancia se convierta en un factor relevante en esto tan nuestro. No somos esa clase de amores de otoño, ni de amores que transcurren de la noche a la mañana, somos el tipo de amor que todo el mundo cree conocer, y que realmente nadie conoce. Por mucho que se pueda revelar en las redes sociales, somos un mismo universo lleno de constelaciones, indescifrables. 


Quiero que sientas poesía en esto del amor, que este camino, como todos los demás, te traigan hasta a mí, a una Roma paralela. No sé por qué, pero cuando veo gente, en concreto dos personas demostrando su amor, me acuerdo de ti, de los varios mensajes que te he enviado diciéndote que te echaba de menos, que envidiaba la manera de quererse de aquella pareja que se encontraba a dos palmas de mí, los envidiaba porque era algo que yo quería contigo, era necesidad, un deseo único, un deseo nada parecido a lo sexual, ni a los amores de Romeo y Julieta, un deseo abstracto que solo el gran trecho que había entre nosotros podía solventar. Eso es lo que ocurre. Que me traes recuerdos, a cada rato, y es una manía que debería dejar. 


He dejado a mi corazón a hablar, ahora hay testigos de una realidad absoluta, pero aún así nunca va a ser suficiente. Quisiera escribir un sinfín de letras y poemas, que dejen marca, pero no de esos hematomas a base de mordiscos ni chupones, sino, de los que llegan y te tocan el alma, que con pequeñas pisadas dejan huella. 



Solo espero que toda esta faena haya merecido la pena, y con "merecer la pena" me refiero a haberte robado esa sonrisa (que he mencionado con anterioridad) que tanto me gusta. ¡Felices diecinueve años! Tal como así, estos diecinueve no tienen nada peculiar, pero es un año menos el que te queda para llegar al profundo éxito, con suerte a las canas y mientras tanto, a un trayecto maravilloso por la vida.




domingo, 28 de enero de 2018

Feliz cumpleaños, estúpido

He saltado al vacío, 
sin prevenir.
Pero, ahí estabas tú. 
Ahí estabas tú, en el primer beso, 
lleno de nervios,
éramos el perfecto espectáculo 
de las calles vacías y las farolas centelleantes.


Fuiste la segunda oportunidad, 
la segunda que me brindó
una extraña casualidad, o el destino. 
Fuiste (y eres) mi "error" perfecto, 
que mancha a base de ser torpe, 
mi vida de colores. 


Eres el interruptor que enciende 
la voz de mi cabeza, 
esa voz que grita "te quiero". 
Ese trato con el diablo, 
que me hace preguntar, 
cómo demonios tengo tanta suerte. 
Eres ese tema tabú, 
que mi mente prohíbe aludir. 


Miro hacia atrás, 
donde he guardado en mi retina, 
a ti, y a un nosotros 
en aquellos tiempos. 
Y, qué bonita sensación, 
que personas como tú, 
sean eternas.
Eres la llave de mi memoria, 
y el verso que me salva del mundo.

sábado, 27 de enero de 2018

El reflejo traicionero de la luz ha decidido despertarme esta mañana, y aún teniendo las legañas pegadas he maldecido a los infiernos. No he podido evitar maravillarme ante el arte de las flores perfectamente desordenadas en el escritorio. Y he sonreído por alguna extraña razón. Quizás porque en un flashback he vuelto a recordar lo que significan para mí, pese a la mala reputación que han ido adquiriendo con el tiempo. Hay tantos rumores flotando en el aire sobre las rosas, tan tradicionales y tan poco originales. Todas forzosamente iguales, sin distinción. Estas, con doble cara, me recuerdan al tóxico y tormentoso amor de las telenovelas, y al mismo tiempo, al auténtico amor de detrás de las cámaras, que pocos muestran, el que dice más que las mismas fotos de instagram, incluso más que las letras impecablemente perfeccionadas para San Valentín. Exhausta de amores engañosos, de príncipes azules, o rojos, o verdes, de lo que nos venden las redes, de estar atada a una cadena de mentiras, donde pintan el mundo de colores, cuando es blanco y negro, y de las mismas tonalidades. Pero, las rosas siguen siendo bellas, hasta que empiezas a quemarlas, y no quedan más que simples cenizas del color de la realidad. Representan los corazones rotos, esclavos de las memorias que guardamos del amor, de las rupturas, de las carbonizadas fotos donde solíamos ser felices. Lo que intento descubrir es por qué somos propensos a mirar el lado oscuro de la luna, y a cegarnos con la luz del sol, el por qué vivir de la infelicidad cuando podemos vivir de la alegoría de un nosotros en el que sonreímos sin inquietudes. De esos instantes en los que nuestros labios han estado al límite del roce, de esas caricias de mano entre largos paseos, de esos momentos de soledad donde mi mejor cobijo era entre las entremezcladas fragancias de tu sudadera. Allí, entre cuatro paredes, pensando en ti, y observando detenidamente las rosas, que... aún sigue desordenadas sobre mi escritorio.  


viernes, 19 de enero de 2018

Porque soy yo la que sostiene la pluma. La que va a dejar la tinta de mis pensamientos como heridas sobre la piel. Cicatrices del pasado plasmadas en un libro. Lo que mi corazón no se atrevió a decir y lo que mi mente deseaba revelar. El dolor y la felicidad como caras de una misma moneda, que se entremezclan para dar forma a los momentos inesperados, esos en los que lloras de alegría, y sonríes tristemente. Voy a recordar esos momentos en los que parece que todo se derrumba, que llevo tanto peso encima, tantas capas de dolor, de ese que nadie puede observar, que va a llegar un momento en el que voy a recrear el propio Big Bang una vez que me desplome. Porque mis lágrimas van a ser la propia lluvia, y mi sonrisa el mismísimo sol. Voy a desprender frialdad en esos ojos llenos de rabia y calidez una vez que vuelva a casa tras mucho tiempo sin ver el amor personificado. La pluma de este libro, la pluma de mi vida, la sostengo yo. Me hago cargo de mi pasado, de mi presente y de mi futuro, de todas las malas decisiones que me harán más fuerte, de todo las buenas que me harán mirar al cielo y dar las gracias. Y si intentas quitarme la pluma, seguiré escribiendo con el dedo o con el corazón, pero nadie podrá quitarme quien soy, ni nadie podrá borrar mi historia. Nadie podrá quitarme el hambre veraz que tengo de darlo todo, de luchar, de ser fuerte, de mirarme al espejo y decir «no me voy a rendir». De decirle a la muerte que nadie le ha dado vela en este entierro y que se vaya a tomar por culo,... Porque, aquí estoy yo. Con el dedo del medio levantado y repitiendo «gracias, pero me quedo con el gran regalo de la vida». Y así, conviví con mis perturbados pensamientos entre las hojas salvajes del otoño y las flores dichosas de la primavera, entre emociones escondidas por las páginas, donde en las mismas apenas podía reconocerme, y donde conseguí hacerme famosa entre multitud de letras que se emborronaban cuando pasaba la mano por encima y, sobre todo, me hice famosa por haber estropeado algunas zonas de papel mojándolas con mis lágrimas, donde estas eran las únicas culpables del asunto. Soy famosa en este respetado libro porque lo hice mío, tan mío que se llevó los trozos rotos de mi corazón para arreglarlos, y se los quedó. Aún los espero con ansia porque necesito terminar el puzle, debo seguir escribiendo mi presente y mi futuro, con todo el afán de cubrirme las manos con tintas y dejar huella, gritar a los cuatro vientos que no llevo cadenas. Ser consciente de mi mala caligrafía, de los errores puntuales y de que, el escenario se cierra con un punto final. Pero, eso, ya es cosa mía.

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